– Bueno, ya sólo me queda mandarles el inercicio para el lunes siguiente. Imagínense que un ser …

La frase murió sin terminar de ser pronunciada. Toda la clase dirigió su mirada al punto del pasillo entre las dos bancadas en el cual el docente había clavado su mirada. Todos percibieron algo muy extraño… era como si la realidad estuviese perdiendo su solidez y se estuviese convirtiendo en una realidad gelatinosa y difusa. De repente, todo empezó a vibrar, pero no de la forma normal y tranquilizadora a la que todos estamos acostumbrados, como cuando pasa un camión por la calle o un terremoto de grado 7 en la escala Richter sacude la tierra… era una forma completamente distinta era como si, como si… como si las propias dimensiones del espacio estuviesen moviéndose y agitándose de forma leve, pero aterradoramente apreciable. Una luz estalló de pronto, cegando a todos los presentes durante unos pocos segundos. Cuando pudieron abrir los ojos, la realidad había vuelto a la normalidad y las dimensiones parecían fijas en su lugar habitual. Todo estaba justo como antes del incidente. Todo, si exceptuamos al extraño ser que se encontraba en el centro de la clase.

Durante más de un minuto nadie se atrevió a hacer el más mínimo ruido: el profesor seguía con la mirada fija en el punto donde ahora se encontraba el “ser”; los alumnos miraban con la boca abierta al ser y al profesor de forma alternativa, sin tener la más mínima idea de que era lo que estaba ocurriendo y de qué o quién era el ser que los estaba observando. Y era algo que tenían en común con el profesor.

Bueno, denominarlo ser probablemente sea demasiado ambiguo. El lenguaje humano se quedaría corto para describirlo. Era como si hubiese algo irreal en él; pero no el tipo de irrealidad que asociamos a algo como un fantasma o una aparición, no, era más bien un ente híperreal. Al mirarlo se tenía la sensación de que había algo que se escapaba, algo que casi se podía ver por el rabillo del ojo, pero que nunca se alcanzaba a ver del todo. Dejémoslo en que mirarlo durante más de cinco segundos producía un apreciable dolor de cabeza.

Entonces alguien habló desde los bancos de atrás:
– ¿Quién o qué eres?
El ser se giró hacia el origen de la voz y ante el pasmo de todos los presentes contestó en castellano, con un extraño acento metálico:
– Oh, sólo soy un turristo. ¿Se dice así, no?

Si hubiese dicho que era un mutante del espacio exterior que venía a devorarlos a todos, el estupor generalizado no habría sido menor.

– ¿Cómo? – atinó por fin a decir el profesor
– Si, turristo. He venido a visitar vuestro univerrso infradimensional, dicen que es muy bonito y pintoressco.
– ¿Cómo? –volvió a repetir el profesor
– Sí, yo turrista… Quería conocer vuestro universo. Como se vive con una dimensión de menos. Vuestro universo es.. ¿cómo se decía? … muy extraño, pero muy bonito.
– ¿Quieres decir que vienes de otro universo? ¿un universo con más de tres dimensiones?
– Sí, es lo que acabo de decirr. En nuestro universo tenemos cuatro dimensiones.
– ¿Pero cómo puede un ser de cuatro dimensiones estar en universo de tres?
– Bueno, realmente no es que estés viendo mi yo en cuatro dimensiones… sólo estáis viendo una proyección tridimensional de mi serr tetradimensional. Bueno, ahora tengo que irrme, no quiero perderme la explosión de la superrnova JKL-2345 que venía en el folleto. Encantado de conoceros – el ser activó una especie de mecanismo y el espacio volvió a temblar como lo había hecho antes de su espectacular aparición.
– ¡No, espera tengo tantas preguntas que hacerte! – gritó el profesor, pero ya era tarde, tras la explosión de luz el ser había desaparecido.

FIN