– Bueno, ya sólo me queda mandarles el inercicio para el lunes siguiente. Imagínense que un ser …

La frase murió sin terminar de ser pronunciada. Toda la clase dirigió su mirada al punto del pasillo entre las dos bancadas en el cual el docente había clavado su mirada. Todos percibieron algo muy extraño… era como si la realidad estuviese perdiendo su solidez y se estuviese convirtiendo en una realidad gelatinosa y difusa. De repente, todo empezó a vibrar, pero no de la forma normal y tranquilizadora a la que todos estamos acostumbrados, como cuando pasa un camión por la calle o un terremoto de grado 7 en la escala Richter sacude la tierra… era una forma completamente distinta era como si, como si… como si las propias dimensiones del espacio estuviesen moviéndose y agitándose de forma leve, pero aterradoramente apreciable. Una luz estalló de pronto, cegando a todos los presentes durante unos pocos segundos. Cuando pudieron abrir los ojos, la realidad había vuelto a la normalidad y las dimensiones parecían fijas en su lugar habitual. Todo estaba justo como antes del incidente. Todo, si exceptuamos al extraño ser que se encontraba en el centro de la clase.

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