La úlitma cena

Todo el mundo conoce a Leonardo Da Vinci; es de sobra conocido como pintor escultor, arquitecto e inventor visionario: ha pasado a la historia como uno de los más grandes genios que ha dado la humanidad.

Sin embargo, hay aspectos de él que son casi desconocidos. Cuando estuvo al servicio de Ludovico el Moro como maestro de banquetes, le horrorizaron varias de las costumbre de su señor, como vemos en el siguiente extracto de un texto del propio Da Vinci:

La costumbre de mi señor Ludovico de amarrar conejos adornados con cintas a las sillas de los convidados, de manera que puedan limpiarse las manos impregnadas en grasa[1] sobre los lomos de las bestias, se me antoja impropia del tiempo y la época en la que vivimos.

Decidido a terminar con tamaña barbarie, Leonardo concibió uno de sus grandes inventos: la servilleta.

He ideado que cada a comensal se le dé su propio paño que, después de ensuciado por sus manos y su cuchillo, podrá plegar para de esta manera no profanar la apariencia de la mesa con su suciedad

Dicho y hecho. Aunque no salió como él habría esperado. Al menos, así lo recogió el embajador florentino en Milán, Pietro Alemanni:

… Y en la víspera de hoy presentó en la mesa su solución a ello […] Pero, para gran inquietud del maestro Leonardo, nadie sabía cómo utilizarlo [el paño o servilleta] o qué hacer con él. Algunos se dispusieron a sentarse sobre él, otros lo utilizaron para sonarse las narices. Otros se envolvían las viandas y se las guardaban en los bolsillos o faltriqueras. Y cuando hubo acabado la comida, y el mantel principal quedó ensuciado como de costumbre, el maestro me confió su desesperanza de que su invento llegase a establecerse

Por suerte, el invento de Da Vinci si que llegó a triunfar, aunque tardó, no os creáis

Texto extraído del libro ¡Que aproveche! de Carlos Fisas Editorial Debolsillo


[1] En aquella época todavía no se había difundido el tenedor y se seguía comiendo con las manos